En México, el acceso a las zonas arqueológicas debería ser un derecho cultural garantizado para todos, no un privilegio reservado para extranjeros con recursos millonarios. Sin embargo, la reciente grabación del influencer estadounidense MrBeast dentro de espacios cerrados al público en Calakmul, Balankanché y Chichén Itzá ha desatado una tormenta ética y legal sobre quién puede, y quién no, recorrer los vestigios de las civilizaciones que dieron identidad a este país.
Mientras arqueólogos, investigadores, universidades y comunidades locales enfrentan restricciones extremas para acceder a estos lugares, un extranjero logró filmar en interiores normalmente vedados, sin el menor respeto por los valores históricos, simbólicos y espirituales que representan.
¿Cuánto cuesta entrar donde ni los propios mexicanos pueden?
La directora del INAH en Campeche, Adriana Velázquez Morlet, justificó el acceso con el argumento de “atraer al público joven” y fomentar la visita a Calakmul. La Secretaría de Turismo federal y el gobierno del estado de Campeche también participaron en la gestión del permiso. Incluso Guadalupe Espinosa, responsable de la zona de Chichén Itzá, confirmó que todo se realizó bajo un marco “normativo”.
Pero la legalidad no siempre es sinónimo de ética. Mientras los trámites para científicos pueden tomar años y ser negados por estrictos criterios de conservación, basta un rostro famoso y una cámara para que los candados se abran.
Las preguntas que flotan en el ambiente son claras: ¿por qué el INAH permite esto?, ¿por qué no se otorga el mismo acceso a quienes investigan y protegen el patrimonio?, ¿por qué el dinero extranjero puede más que el derecho cultural de los propios mexicanos?
El patrimonio no es un escenario
La desigualdad en el acceso cultural es una herida profunda en nuestro país. La grabación de un video con fines comerciales en un espacio sagrado no es “divulgación”, es espectáculo disfrazado de entretenimiento. Un espectáculo en el que se recrean rituales, se manipulan imágenes con efectos visuales, y se convierte la memoria ancestral en contenido viral.
Si la cultura es un derecho, el acceso al patrimonio también lo es. Pero lo que se ha evidenciado con el caso MrBeast es que para entrar a los templos antiguos de México, no se necesita conocimiento, respeto o vínculo con las culturas originarias. Se necesita dinero y fama.




