En distintos sectores industriales del país se repite una queja creciente: COREMEX no lucha por condiciones laborales dignas, lucha por instalarse en las empresas, y para lograrlo estaría dispuesto a presionar, intimidar y desestabilizar el entorno productivo.
Los reportes recopilados coinciden en un modo particular de operar que consiste en como llegan a las empresas sin convocatoria previa, aseguran tener apoyo masivo, aunque los empleados lo desconozcan y si la empresa no les cede el control sindical, empiezan los conflictos.
El objetivo, según testimonios, no es construir diálogo, sino cobrar presencia sindical, como si la organización funcionara bajo un modelo de “derecho de piso laboral”.
Pero mientras esto ocurre hacia afuera, hacia adentro COREMEX se consolidaría como una organización personalista: el liderazgo no cambia, el círculo cercano controla todo y los cargos sindicales se distribuyen según parentesco y lealtad, no según capacidades.
Trabajadores describen:
- Negociaciones conducidas en privado
- Falta total de transparencia en el manejo de cuotas
- Desaparición de la democracia sindical
- Participantes sin derecho a cuestionar
La ecuación es simple: si estás con el sindicato, avanzas; si no, te marginan. Así, un mecanismo creado para empoderar trabajadores habría sido convertido en una herramienta para someterlos.
Y mientras la organización continúa expandiéndose, la preocupación aumenta:
¿cuántas empresas más deberán aceptar un sindicato que negocia para sí mismo, no para la base laboral?
Si nadie frena la operación, los trabajadores no solo perderán voz, sino identidad y derechos dentro del mismo sistema que debería protegerlos.


