Versiones entre trabajadores apuntan a que menos de la mitad de la base habría participado en la elección sindical. El señalamiento, todavía pendiente de acreditarse con cifras oficiales, coloca a la dirigencia de Miguel Meneses ante una pregunta central: ¿qué tan representativo es un comité elegido con una participación minoritaria?
La reciente elección interna de COREMEX comienza a enfrentar un cuestionamiento que va más allá de quién ganó o perdió. La discusión ahora se concentra en un elemento fundamental para cualquier organización sindical: cuántos trabajadores participaron realmente en la decisión.
Entre integrantes de la organización circulan versiones que sostienen que la participación electoral no habría alcanzado el 50% de la base. De confirmarse, el dato abriría una discusión importante sobre la representatividad política del nuevo comité, aun cuando el proceso pudiera haber cumplido formalmente con las reglas aplicables.
El cuestionamiento es sencillo: ¿puede hablarse de respaldo mayoritario cuando la mayoría de los trabajadores ni siquiera habría participado en la elección?
La incorporación de Maribel Alberto a la representación sindical ha colocado nuevamente el proceso bajo la lupa. Sin embargo, el problema ya no debería reducirse a una candidatura específica. Lo que está en discusión es la legitimidad y representatividad del órgano que pretende hablar en nombre del conjunto de los trabajadores.
Ganar una elección significa obtener los votos necesarios conforme a sus reglas. Pero representar a una base completa supone un reto diferente.
Si las versiones sobre una participación inferior al 50% son correctas, COREMEX tendría que explicar cuántos trabajadores integraban el padrón, cuántos acudieron a votar, cuántos sufragios recibió la opción ganadora y qué disposiciones permiten validar el resultado.
Sin esos datos, las dudas difícilmente desaparecerán.
La situación se vuelve todavía más delicada porque alrededor de la elección también han circulado señalamientos sobre presuntos favoritismos y una eventual compra de votos. Hasta ahora, esas acusaciones no deben considerarse hechos mientras no exista evidencia pública suficiente que las acredite. Precisamente por eso, transparentar las cifras se vuelve indispensable para separar los hechos de los rumores.
La responsabilidad política recae ahora en la dirigencia encabezada por Miguel Meneses.
Si el proceso fue limpio y cumplió con todas las disposiciones, publicar la información permitiría defender su legitimidad. Pero si COREMEX evita transparentar los números, inevitablemente continuará alimentando las sospechas de quienes consideran que se intenta instalar una representación que no cuenta con un respaldo suficientemente amplio entre los trabajadores.
La controversia alrededor de Maribel Alberto añade presión.
Entre integrantes de la base han circulado versiones que le atribuyen cercanía personal con el exdelegado Carlos Gamboa. Ese supuesto vínculo no demuestra por sí mismo favoritismo ni irregularidad electoral y tampoco debería utilizarse para juzgar la legitimidad de su elección.
Lo que sí puede y debe comprobarse son los votos.
¿Cuántos trabajadores podían participar?
¿Cuántos participaron?
¿Cuántos votos recibió la planilla ganadora?
¿Qué porcentaje de toda la base representa ese resultado?
Esos números permitirían responder con hechos a una discusión que actualmente se desarrolla principalmente mediante versiones internas.
Y existe una diferencia que COREMEX no debería minimizar: obtener la mayoría de los votos emitidos no necesariamente equivale a recibir el respaldo de la mayoría de todos los trabajadores.
Si, por ejemplo, menos de la mitad del padrón acudió a las urnas, la dirigencia puede tener argumentos reglamentarios para sostener la validez del resultado, pero aun así enfrentar un problema político de representatividad.
Por eso, calificar automáticamente al nuevo comité como una “imposición” requeriría demostrar que se incumplieron las reglas electorales. Lo que sí puede cuestionarse desde ahora, si las cifras de participación señaladas resultan ciertas, es qué tan amplio fue realmente el mandato recibido.
Miguel Meneses y COREMEX tienen una manera directa de terminar con las especulaciones: abrir los números y explicar el proceso.
No se trata únicamente de defender a Maribel Alberto ni de responder a quienes perdieron la elección. Se trata de demostrar que quienes asumirán la representación sindical cuentan con un mandato obtenido mediante un procedimiento transparente.
Porque cuando un comité pretende hablar en nombre de todos, los trabajadores tienen derecho a saber cuántos participaron realmente en su elección.
Y mientras COREMEX no presente cifras suficientes para despejar las dudas, seguirá abierta una pregunta incómoda:
Si la mayoría de los trabajadores no participó en la elección, ¿con qué nivel de respaldo pretende el nuevo comité representar a toda la base?



